Ella era el todo
y él era nada;
ambos buscaban,
ella encontraba.
Era inevitable
errar esa conclusión;
él enamorado,
ella llena de amor.
Él lo sabía
y no lo evitó;
un día lo dijo,
de su amor habló.
Era su sonrisa
y era su mirada,
formaban la premisa
que él adoraba.
Algo había,
algo que decir,
que obligaba
el corazón abrir.
Todo era extraño
todo era vacilación,
ella era la mujer perfecta,
y él buscaba perfección.