Debería dejar de soñarte, dejar anhelarte inclusive en las sombras.
Mi corazón es débil, cobarde e insipiente y es por ésto que te amo y te deseo, es así que mi vida se vuelve hueca si no tengo tus manos susurrando mi nombre al compás de tus labios.
La noche se vuelve volátil y pesada al instante en que mis brazos notan tu ausencia, la suavidad que cobija la soledad aprehende mis sueños entre sus garras y los tritura para formar una delgada capa de desdeñadas ilusiones.
Así es el cariño que siento por ti, poderoso a momentos, engañoso como tus ojos; así eres tú, distante y dulce, cercana y amarga; así es, así soy, así somos.
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