sus manos tersas y sus tiernos sonrojos,
su notable franqueza y su andar desenvuelto,
el delicado mirar que me tiene disuelto.
Tanta perfección no debería ser
y es ella aquél misterio sin resolver,
su risa es una suave pero dulce tortura,
y su desprecio un arma que mi corazón fractura.
He de confesar que aunque mi alma sufra
y aunque mi corazón no encuentre quietud
he de amarla por siempre y entregar mi vida a ella
incluso en la más humilde y total servitud.
Quizás es el destino quien juega conmigo
o tal vez de más a mi espíritu intrigo,
pero nada de eso importa si la tengo a ella
y a sus cálidos brazos para darme abrigo.
Tiene mi cariño y mi proceder entre sus manos,
pues posee para ello todos los encantos;
se ha convertido en la mejor musa
y toda mi existencia la torna confusa.
Todo lo dicho pudiese ser un delirio
y lo más probable: un sueño no cumplido;
la adoro, la amo y la deseo...
y lo haré hasta el último latido.
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