Y a decir verdad,
nunca he sido bueno haciendo números
pero todos los días,
mientras me ato los zapatos,
mientras tomo el café caliente de cada día
intento -de la forma más extraña- calcular
cada una de las oportunidades que tendría
de escuchar sus pasos acercándose lentamente,
de sentir su voz a mi lado
si es que llego a dar un paso fuera,
si llego a caminar por el patio
en esta fría mañana.
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