Hoy, mientras la luna se escurre entre la rendija de mi ventana y al compás de los grillos el alma se torna vacía... mientras el tiempo se vuelve pesado y amargo, te he vuelto a odiar, te he vuelto a amar.
Había esperado tanto tiempo por ti, había aguardado en la desesperanza y un buen día apareciste; tenías el cabello suelto igual que tu risa y el abrigo carmín haciendo juego con tus labios -sí, claro que lo recuerdo- ese día mi corazón fue tuyo, no supe cómo ni con qué frase lo lograste, pero con aquélla plática me enamoraste.
¡Oh, qué ingenuo! Fui un idiota al pensar que podría tener una oportunidad, que de alguna forma llegaría a conquistar tu corazón; de algún modo pensé que tú también te enamorarías, que sería cuestión de tiempo... imaginé que el viejo cortejo de dos almas bastaría, y hoy me he dado cuenta de lo equivocado que estaba... hoy estoy aquí sufriendo por ti, sufriendo por nada.
Podría explicar cada una de las sensaciones que tu compañía me brindaba, pero... ¿qué caso tendría? ¿serviría de algo? por supuesto que no... simplemente serían palabras arrojadas en el mar de la vacilación, sería luchar contra algo irremediable, luchar contra el amor mismo.
Hoy te escribo recordando cada una de tus sonrisas, imaginando que alguna de ellas pudo ser mía... te escribo oculto entre sentimientos, oculto entre nubes de pensamientos y estrellas de absurdos juramentos; te escribo en la oscuridad, mientras el mundo duerme pero mi corazón no descansa.
Dirás que todo lo que digo es irreal, que las ilusiones que guardo son innecesarias, podrías pensar también que es imposible amar a alguien en tan poco tiempo, y tengo que decir que no... he aprendido a amarte de la forma más sincera y humilde que he podido encontrar, te he amado en silencio y hoy he dejado de callar, hoy tengo que decirlo una y otra vez, tengo que repetirlo aunque no tenga sentido para ti, hoy debo decir... te amo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario