Él estaba sentado ahí -como todos los días-, en el mismo lugar
en la misma banca, esperando a que pasara algo diferente;
guardaba en una carpeta todos los versos que había escrito para ella,
veía avanzar el tiempo día a día... jugaba a vivir en un mundo paralelo.
Había intentado dejar atrás todo lo que pasó años atrás
y sin embargo no podía borrarla, no lograba deshacerse de su recuerdo,
no podía olvidar sus besos, sus caricias, el color negro sus cabellos chinos
los chistes a la hora de comer y los abrazos antes de dormir.
Prometió olvidarse de ella y siguió luchando por ello
pero a pesar de sus esfuerzos, todos los días, en aquel parque
escribía un poema para ella; escribía un cuento o una historia
que le recordara todo lo que habían pasado juntos.
Se olvidó de seguir adelante, de pelear por lo que soñaba,
y dejó pasar todo eso pues su único sueño era ella
y ese sueño se había roto, se había esfumado cuando ella desapareció
ese sueño sólo vivía en un mundo de fantasías, de poemas y letras.
Y ahora estaba ahí, esperando a la misma hora, escuchando
la rutina de la gente y viendo el tiempo pasar inevitablemente,
recordando cada detalle, cada virtud y cada defecto de ella
estaba ahí sentado, en la misma banca, en el mismo lugar.
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